Próstata
¿Que es la próstata?
La próstata es una glándula del aparato reproductor masculino, que se encuentra situada entre la vejiga y uretra (fig 1), es decir en el camino natural por el que la orina debe discurrir para vaciar la vejiga durante la micción. Es esta situación anatómica la que hace que sean tan floridos y molestos los síntomas que produce la próstata cuando enferma.
Su principal función es participar en la formación del líquido seminal aportando substancias como Zinc, ácido cítrico, antígeno prostático específico y prostaglandinas así como otros nutrientes fundamentales para los espermatozoides, por lo que su papel es fundamental en la fertilidad del varón.
Tiene una clara dependencia hormonal, pues precisa de la presencia de andrógenos, fundamentalmente de la testosterona para su función crecimiento y desarrollo.
¿Cuáles son sus enfermedades más frecuentes?
En ella asienta el tumor benigno más frecuente del varón de más de 50 años, el adenoma de próstata o Hipertrofia Benigna de Próstata (HBP) y el tumor maligno más frecuente del varón de la tercera edad el adenocarcinoma de próstata.
Estas patologías suponen más de una tercera parte de la actividad del urólogo, motiva más de 60000 intervenciones al año y más de 6.000.000 de consultas en España.
Su crecimiento patológico tanto benigno como maligno produce dificultad para orinar, y su progresión puede desarrollar lesiones primero en la vejiga urinaria y posteriormente en el tramo urinario superior.
Existe también una tercera patología menos frecuente que las anteriores que afecta habitualmente a personas más jóvenes, son las Prostatitis, en la que la glándula se inflama habitualmente como causa de infección.
¿Qué síntomas produce?
La sintomatología que produce es muy lenta e insidiosa, tanto que a veces el varón no reconoce los síntomas y cuando consulta los cuadros se encuentran muy evolucionados, por ello todos los varones mayores de 55 años y antes si hay antecedentes familiares de enfermedades prostáticas o aparecen síntomas urinarios deberían acudir rutinariamente al urólogo quien evaluará su situación clínica y pautará el tratamiento preciso.
Polaquiuria: Aumento del número de veces que es preciso orinar en el día sin que esto se acompañe de un aumento del volumen orinado en 24 horas. Cuando este síntoma aparece por las noches se llama nocturia y suele ser uno de los síntomas más precoces y constantes.
Urgencia miccional: Necesidad imperiosa de tener que ir al servicio por un deseo urgente de orinar, a veces esta sensación se puede acompañar de pequeñas pérdidas involuntarias Incontinencia urinaria.
Disminución de la fuerza del chorro de la orina, que a veces se entrecorta apareciendo goteo al terminar y en ocasiones más evolucionadas precisando de esfuerzo abdominal para su evacuación.
Tenesmo vesical: sensación de no haber vaciado completamente la vejiga después de orinar, incluso volviendo al poco tiempo al servicio para volver a vaciar la vejiga.
¿Qué complicaciones puedo sufrir si no trato mi prostatismo?
Si existe obstrucción para evacuar la orina por la próstata y se deja evolucionar pueden aparecer síntomas y complicaciones que además de ser molestos pueden afectar gravemente la salud. Entre las complicaciones que pueden aparecer se encuentran:
Hematuria: Orina tenida de sangre, puede ser debido a un adenoma de próstata, pero cualquier patología urológica puede causarla, por ello ante este síntoma siempre se debe de acudir al urólogo.
Retención aguda de orina: Es la imposibilidad completa de poder orinar, se acompaña de intenso deseo miccional y de dolor en hipogastrio, es una complicación de la hipertrofia benigna de próstata y requiere el cateterismo uretral para evacuar la vejiga.
Infección urinaria: las infecciones urinarias aumentan cuando la vejiga no puede vaciarse con facilidad por el crecimiento prostático.
Formación de cálculos vesicales: cuando no se puede evacuar la orina completamente queda un remanente residual en la vejiga que predispone a la formación de cálculos urinarios y a la aparición de infecciones.
Deterioro del músculo vescial o detrusor lo que perpetuará los síntomas a veces incluso después de resolver quirúrgicamente la obstrucción prostática.
Aumento del volumen de orina residual después de la micción, lo que produce aumento de la frecuencia miccional, aumento de las infecciones y alteración de la función vesical.
Y si la obstrucción evoluciona a sus fases terminales hasta deterioro de la función renal provocando incluso insuficiencia renal crónica que puede llegar a requerir diálisis y trasplante.
¿Puede la hipertrofia benigna de la próstata (HBP) afectar a la salud sexual?
El prostatismo acontece en la misma edad en que los varones comienzan a presentar con más frecuencia síntomas relacionados con las disfunciones sexuales.
Pero aún así los pacientes afectos de HBP estadísticamente tienen un riesgo mayor de padecer disfunciones sexuales como alteraciones de la erección del deseo sexual o de la eyaculación
También los tratamientos que se emplean en la HBP entre sus efectos secundarios tienen con mayor o menor frecuencia la aparición de disfunción sexual.
¿Cómo diagnosticará el urólogo mi prostatismo?
Lo primero que le realizará será una amplia historia clínica para valorar sus antecedentes y buscará los síntomas que padece.
En la exploración física valorará la próstata mediante una exploración muy sencilla pero muy práctica y valiosa, el tacto rectal.
También puede pasar unos test para valorar los síntomas de una forma más fiable y objetiva.
Uno de los más extendidos es el IPSS, que valora los síntomas y como estos influyen en la calidad de vida del paciente.
Si la suma de las puntuaciones de las siete primeras preguntas está entre 0 y 7 es un paciente levemente sintomático. Si se encuentra entre 8 y 19 es moderadamente sintomático y si está entre 20 y 35 puntos es un paciente severamente sintomático.
También será sometido a una determinación analítica entre las que se puede incluir un estudio del sedimento urinario, un cultivo de orina si fuera preciso, un estudio de la creatinina para valorar la función renal y una determinación del PSA, que es una molécula que circula en sangre y se produce casi exclusivamente en la próstata, con ella el urólogo valora su próstata y realiza el diagnóstico precoz de sospecha de un posible adenocarcinoma de próstata.
En algunas ocasiones pueden ser necesarias pruebas de imagen para valorar el tamaño y la morfología prostática, así como la posible concomitancia de otras patologías, entre ellas la más frecuente y fiables es la ecografía transrectal de próstata.
También en situaciones especiales pueden requerirse otras exploraciones de imagen o endoscópicas.
En aquellos casos en los que el PSA esté elevado puede ser necesaria la realización de una biopsia transrectal de próstata dirigida por ecografía, que permitirá al patólogo el estudio del tejido prostático y descartar la presencia de una adenocarcinoma prostático, realizando un diagnóstico precoz que permitirá indicar tratamientos radicales con un alto nivel de curaciones.
¿Qué podemos hacer para prevenir estas enfermedades?
Como ya se comentó anteriormente a partir de los cincuenta años los varones deben acudir al urólogo, sobre todo si comienzan a notar cambios en sus hábitos y formas de orinar. Un varón con síntomas de prostatismo puede comenzar a levantarse a orinar por la noche, puede tener a veces urgencia por orinar, e incluso puede perder algunas gotas de orina, posteriormente el chorro urinario se hará más flojo, el tiempo de micción más prolongado, puede quedarle una sensación de vaciado incompleto, y pueden aparecer las complicaciones, como la infección urinaria, la litiasis o cálculos vesicales, el residuo postmiccional, la retención aguda de orina y la hematuria o sangrado con la micción.
Para prevenir la HBP no existen buenas armas hoy en día, pero para que este proceso no afecte a nuestra calidad de vida o a nuestra salud lo mejor es ponerse en contacto con el urólogo al notar los primeros síntomas o a partir de los 50 años. Sin embargo si podemos prevenir mediante diagnóstico precoz la morbilidad y la mortalidad del adenocarcinoma de próstata. Para ello es fundamental la vigilancia y las revisiones urológicas.
Hoy en día existe un marcador casi perfecto del adenocarcinoma de próstata, es el conocido PSA, los urólogos lo solicitan en los casos en que se encuentra indicado y mediante él pueden realizar un diagnóstico precoz. Esta patología maligna puede diagnósticarse en un estadio clínico en el que tiene cura con terapéuticas radicales quirúrgicas o físicas como la radioterapia o la crioterapia. Este mismo marcador es muy útil en el seguimiento de la evolución de la respuesta clínica a estos tratamientos.
Cuando los síntomas afectan a la calidad de vida, o cuando pueden dañar el tramo urinario, existe indicación de tratamiento. Siempre se comienza con tratamiento médico, disponemos en la actualidad de varios grupos de medicamentos altamente eficaces para su uso. El tratamiento más antiguo es la fitoterapia, son medicamentos extraídos de plantas, aún siguen usándose porque son económicos, están exentos de efectos secundarios y siguen teniendo un apreciable efecto beneficioso.
Existen otros medicamentos llamados Alfabloqueantes que relajan la musculaturade la próstata y de su cápsula permitiendo un mayor flujo urinario y una disminución de la frecuencia miccional y de la urgencia, son medicamentos altamente eficaces, su efecto positivo es casi inmediato, si bien también desaparece su eficacia en el momento en que se abandonan, son bien tolerados aunque como tratamiento crónico tiene un coste más elevado. Hay un tercer grupo, son medicamentos hormonales que bloquean la acción de la dihidrotestosterona que es la hormona que está directamente implicada en el crecimiento prostático, lo que produce una reducción del volumen prostático, con lo que indirectamente se consigue una mejoría en los síntomas y una disminución de la incidencia de retención aguda de orina de hematuria y de la necesidad de practicar cirugía.
Cuando el tratamiento médico falla, cuando no se tolera, o cuando en la progresión de la enfermedad aparecen complicaciones (retención aguda de orina, litiasis vesical, infecciones etc.) o cuando esta a pesar del tratamiento médico afecta seriamente a la calidad de vida está indicado el tratamiento quirúrgico. Éste se puede aplicar por vía abierta extirpando el adenoma de próstata a través de una herida quirúrgica o bien con un instrumental endoscópico a través de la uretra.
Tratamiento LASER KTP para el adenoma de próstata
La fotovaporización selectiva de la próstata con láser KTP es una de las últimas adquisiciones técnicas en el tratamiento de la hipertrofia benigna de próstata (HBP).
Es una técnica mínimamente invasiva, es decir, una técnica que utiliza un acceso sin heridas externas y que tiene un índice de complicaciones muy bajo, por lo que ofrece grandes ventajas sobre los considerados tratamientos convencionales, (la resección transuretral de la próstata y la cirugía abierta). Además de ser muy cómoda ya que no requiere más de 12-24 horas de ingreso y un tiempo de permanencia de sonda vesical inferior casi siempre a las 24 horas, permite al paciente poder orinar perfectamente nada más retirar la sonda.
Fuente de láser KTP
La energía utilizada para la vaporización prostática es láser KTP, Potasio-Titanio-Fostato, y se trasmite por la uretra a través de una fibra especial que se introduce por la uretra a través de un cistoscopio adaptado al láser.

El láser KTP, tiene una longitud de onda de 532 nanómetros y es absorbido preferentemente por el color rojo, que es el color de la hemoglobina lo que hace que sea absorbida por la sangre. Esto permite sellar los vasos sanguíneos evitando así el sangrado quirúrgico tan frecuente y molesto en las otras técnicas, además la absorción por el agua es mínima, lo que le hace ideal para vaporizar tejidos muy vascularizados como la próstata en medios acuosos, que es el medio en el que se realiza la fotovaporización.
Su penetración en el tejido es muy baja solo unos dos o tres milímetros lo que evita los problemas que se causaban antes con las antiguas técnicas láser, que producían un molestísimo efecto irritativo postoperatorio que incluso impedía retirar la sonda vesical durante largos periodos. Este problema queda resuelto con la nueva técnica que permite retirar la sonda cómodamente en 24 horas y orinar al paciente normalmente desde ese momento.
El láser se hace llegar hasta el tejido a través de la fibra mencionada donde genera una temperatura superior a los cien grados. Esta temperatura vaporiza el tejido, es decir, lo convierte en vapor de agua al tiempo que cierra los vasos sanguíneos por su absorción por la hemoglobina lo que evita el sangrado.
Este tratamiento está indicado en aquellas personas que padecen de prostatismo obstructivo, que no obedece al tratamiento médico, o en aquellos que aparecen complicaciones del prostatismo. Es decir, la indicación es la misma que para las cirugías convencionales, pero aportando las ventajas de la nueva técnica.
Por el bajo nivel de complicaciones y la mínima invasión, es la técnica de elección para aquellos pacientes que presentan enfermedades graves de otros órganos, que se encuentren en tratamiento con anticoagulantes o antiagregantes plaquetarios (Sintrom, Heparina, Aspirina, Adiro, Tromalyt, Plavix) y por supuesto en todos aquellos que sin padecer ningún otro proceso quieran hacer de su operación de próstata una intervención liviana y cómoda.
Los resultados de las revisiones científicas de las intervenciones realizadas con <láser KTP a cinco años son excelentes, más del 95% de los pacientes se encuentra muy satisfecho con el tratamiento y los datos objetivos de flujo urinario, frecuencia miccional, residuo postmiccional se mantienen en el tiempo, y la incidencia de complicaciones como la disfunción eréctil, la incontinencia urinaria y la estenosis de uretra tienen una incidencia mucho más baja.
Si desea información o realizar su diagnóstico o tratamiento con cualquiera de los métodos o técnicas anteriormente expuestas póngase en contacto con nuestros <urólogos llamando a nuestro Centro. (Para láser KTP la primera consulta es gratuita).





